Los médicos en la sierra de Sinaloa, entre las balas y las carencias
Una mañana de verano de 2010, Dolores recibió la visita de una paciente que le pidió sacarla de su comunidad enclavada en la sierra de Concordia, en Sinaloa, porque unos “armados” andaban buscando a su esposo para matarlo. La mujer, que pocas veces hablaba durante las consultas, se frotaba las manos angustiada. La doctora, que llevaba diez años prestando servicio en la zona y que conocía las problemáticas de la localidad entre las gavillas, aceptó trasladar a la mujer y a sus tres hijos en un coche de la institución en completo sigilo.

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